Aprendiendo sobre emociones

Las emociones en la madurez

Aprendiendo sobre emociones

Somos seres emocionales, a la hora de conformar nuestro comportamiento se mezclan inteligencia, sentimientos y pasiones. Los sentimientos y las emociones conforman la afectividad como importante ámbito psicológico. Así pues, a continuación va a presentarse una síntesis de los esenciales cambios que ocurren en la vejez en el ámbito de la afectividad y el mundo emocional.

Existen numerosas definiciones a cerca de qué es una emoción. Weiten (1992) considera que la emoción es una experiencia subjetiva consciente (componente cognoscitivo), acompañada de activación corporal (componente fisiológico) y de expresiones manifiestas (componente conductual).

Existen factores de riesgo respecto a los trastornos afectivos en mayores como: la dependencia funcional, el declinar cognitivo, insuficientes recursos económicos, el aislamiento social y la institucionalización.

Al igual que existen factores protectores como: el buen afrontamiento o adaptación de la vejez, los hábitos de vida saludables, la actividad psicosocial y una red de apoyo social funcional.

El diagnostico de trastornos afectivos en este grupo de edad muchas veces se encuentra enmascarado por procesos orgánicos.

La mayoría de los estudios sobre emociones en personas mayores realizados hace más de cuatro décadas utilizaron como muestra personas mayores institucionalizadas. Estas investigaciones sugerían que el envejecimiento iba acompañado de un embotamiento emocional y un incremento de los afectos negativos. Esto sucedía en parte por la visión de la época sobre el envejecimiento y en parte por el desconocimiento del campo de las emociones entendidas con perspectiva gerontológica. Sin embargo, estudios más recientes, basados ​​en muestras de personas mayores que residen en la comunidad (no institucionalizadas), no coinciden con los resultados propuestos previamente. Numerosas teorías hablan sobre los cambios afectivos que suceden a lo largo del ciclo vital.

La paradoja de la felicidad en la vejez.

El envejecimiento conlleva amenazas y pérdidas reales como pueden ser la jubilación, la pérdida de seres queridos, la marcha de los hijos, una enfermedad crónica o polipatologías que en ocasiones conllevan discapacidad y dependencia además de la certeza de aproximarse a la muerte. Esto nos podría llevar a pensar que la afectividad de las personas mayores está ligada al sufrimiento. Pero al contrario de lo esperado, las personas mayores no expresan una menor felicidad, bienestar o satisfacción con la vida cuando se las compara con las más jóvenes. Incluso algunos trabajos informan que las personas con más edad manifiestan niveles más elevados de bienestar subjetivo.

La experiencia emocional negativa se da en mucha menor frecuencia a partir de los 60 años. Así, a esas edades, existe más expresión de “felicidad”, “gratitud”, “contento” que de “frustración”, “tristeza” o “rabia”.

Noción de efecto de positividad, cambio de la selección de la información negativa hacia la positiva que se produce en la edad avanzada. Esto implicaría la priorización de las gratificaciones emocionales actuales llevando a que los adultos mayores sean más sensibles a la información positiva y menos a la negativa, o a buscar evitarla.

El rol del afecto y la cognición van reestructurándose con la edad permitiendo una mayor cohesión entre los dos y mediando en una mayor regulación de la emoción en la vejez llevando consigo una maximización de los aspectos positivos y minimización de los negativos cuyo producto es una mayor satisfacción o bienestar. Según la teoría de la selectividad socio-emocional.

Existe una mayor complejidad y riqueza emocional. Se incrementa el manejo adecuado de los afectos, por tanto, existe una mayor “madurez” afectiva.

Los estados emocionales fundamentales, los patrones de expresión y los patrones neurofisiológicos asociados a las emociones se mantienen estables en la vejez, mientras que se produce una mayor modulación y complejidad de la expresión emocional, como la habilidad para anticipar la respuesta emocional en otras personas. Según la Teoría de las emociones diferenciales.

Percepción del tiempo que nos queda por vivir determina la motivación y la regulación emocional.  La regulación y experiencia emocional son consecuencia de la madurez del sistema cognitivo y de la personalidad a lo largo de la vida. A más madurez (no necesariamente más edad) las personas tienen más capacidad para diferenciar y comprender las experiencias emocionales, y regular el comportamiento afectivo. Según la Teoría del desarrollo afectivo-cognitivo.

Regulación emocional en las personas mayores

Un último aspecto destacado es el papel de la capacidad adaptativa del ser humano. Los mayores ponen en marcha una serie de procesos adaptativos que les permiten afrontar con éxito los cambios asociados a la edad. Estos mecanismos garantizan cierta estabilidad de la valoración de su bienestar psicológico.

El desarrollo no se puede entender únicamente ni como el despliegue de un programa madurativo preestablecido ni como determinado socioculturalmente. Más bien, se entiende como un proceso activo en el que el individuo es capaz de cambiar sus propias circunstancias y, hasta cierto punto (dentro de los límites marcados por restricciones biológicas y culturales), ser arquitecto de su propio desarrollo. Este papel activo de la persona implica tanto responder a cambios en las condiciones sociales y/o biológicas que se pueden producir con el paso del tiempo como, proactivamente, generar cambios en un intento de adecuar esas condiciones a las propias preferencias personales o estados que se desean.

Por estos motivos podemos entender el desarrollo afectivo como un proceso de selección, a lo largo de la vida, de una serie de posibilidades y trayectorias evolutivas, trayectorias que experimentan un proceso de optimización una vez se eligen y la persona se implica en ellas. En este sentido, el desarrollo (y, por extensión, el envejecimiento) exitoso consiste en la orquestación a lo largo del tiempo de tres tipos de procesos, tres modos de regulación emocional que se producen a partir de los procesos de selección, optimización y compensación (Baltes & Baltes, 1990).

Se optimiza el comportamiento emocional mediante el aprendizaje y la práctica permanente, y se realizan esfuerzos compensatorios para adaptarse al declive de las capacidades psicofísicas. Detallamos a continuación cada uno de estos procesos:

       Procesos de selección implican un reajuste de las metas personales del individuo a través de la selección de aquellas áreas de acción de máxima prioridad, como consecuencia de la anticipación o surgimiento de importantes cambios o limitaciones en los recursos personales y sociales (p.ej., una persona mayor que, ante la situación de padecimiento de una enfermedad terminal por parte de su pareja, reduce su ocio y actividad social para centrarse en el cuidado).

       Procesos de compensación entran en juego cuando se produce un cambio o una pérdida en los recursos de la persona o de su entorno, e implican emplear medios alternativos para llegar a una misma meta, a través de acciones ya presentes en el repertorio de la persona, nuevas estrategias que habrán de ser desarrolladas por la persona (p.ej., aprender estrategias para optimizar la memoria), o la utilización de medios tecnológicos concretos (ayudas protésicas: audífono para pérdidas auditivas, bastón para problemas de movilidad). La compensación también se ejerce cuando, ante las pérdidas o limitaciones para alcanzar metas concretas, la persona reestructura su sistema motivacional seleccionando nuevas metas.

       Procesos de optimización hacen referencia a la potenciación y enriquecimiento de las reservas, recursos e implicación relacionados con áreas vitales específicas; esto es, a la mejora del funcionamiento en dichas áreas concretas. Estas áreas pueden ser facetas ya desarrolladas en la vida de la persona (p.ej., invertir más tiempo y esfuerzo en las relaciones familiares) o bien ser nuevas (p.ej., descubrir o retomar aspectos relacionados con las creencias religiosas o la espiritualidad).

Relación entre las emociones y la memoria en personas mayores

– Las personas mayores están más centradas en los pensamientos internos.

– Recuerdan más bien la información enmarcada en términos emocionales.

– Memorizan mejor la información que encuentran relevante emocionalmente.  

– Experimentan emociones positivas incluso ante eventos negativos, y esto es bueno para mantener un estado anímico óptimo.  

– Hay un efecto de positividad que se manifiesta en diferentes tipos de memoria (autobiografía, memoria para las elecciones, memoria a corto plazo, visual

Relación entre las emociones y la atención en personas mayores

– De nuevo, las personas mayores utilizan sus recursos de atención para favorecer la información positiva ante la negativa (efecto de positividad).  

– Las personas mayores mantienen la capacidad de detección de estímulos negativos amenazadores, lo que es una excepción adaptativa del efecto de positividad.  

– En resumen, los procesos de atención automáticos cambian poco con la edad, mientras que los procesos de atención voluntarios muestran el efecto de positividad en las personas mayores.

Bibliografía

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-Villar, F. y Triadó, C. (2006). Personalidad y adaptación. En C. Triadó y F. Villar (Coords.), Psicología de la vejez. (Cap.7, pp. 193-229). Madrid: Alianza.

Triadó, C.,  Osuna, M. J.,  Solé C., y  Villar F.(2003).Bienestar, adaptación y envejecimiento: cuando la estabilidad significa cambio. Revista multidisciplinar de gerontología, Vol. 13, Nº. 3, 2003, págs. 152-162.

-Triadó, C. y Villar, F. Modelos de envejecimiento y percepción de cambios en una muestra de personas mayores.(1997) Anuario de psicología . Núm.: 73.

-Pinazo Hernandis, S., & Sánchez Martínez, M. (2005). Gerontología: actualización, innovación y propuestas En: Pinazo Hernandis, S. y Sánchez Martínez, M. (Comps.) Gerontología. Pp. 257-288. Madrid: Pearson Prentice Hall

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